Pascal y Arquímedes en el inodoro
septiembre 30, 2009
En el inodoro, luego de dos años de buscarse, se dieron la mano Pascal y Arquímedes. Se entiende que estoy hablando en sentido figurado. Lo que sucede es que la mayoría de los inodoros domésticos modernos son el resultado de una conjunción armónica de los principios de Pascal y Arquímedes. Antes de relatarles como, hagamos un rápido recorrido de la historia antigua del inodoro (de su prehistoria).
Los inodoros son usados desde hace miles de años. En las ciudades de Harappa y Mohenjo Daro en la India, hace 2500 años aC, prácticamente cada casa tenía un baño. La civilización minóica utilizaba inodoros entre los siglos XVIII y XV aC, y la civilización romana también los usaba hasta el siglo V dC.
En 1778, Joseph Bramah inventó la bomba para el cierre automático del surtidor de agua (que está unido al tubo de abasto). Este sistema aplica el principio de Arquímedes para su funcionamiento. ¿De qué manera? La bomba es, en promedio, menos densa que el agua. Por esta razón, al llenarse el tanque con agua, la bomba, mientras se eleva, va ejerciendo una fuerza sobre la palanca igual a la fuerza de empuje menos su peso. Como la bomba tiene un brazo de palanca mucho más grande que el del sistema de cierre que está en el otro extremo, esta produce un esfuerzo de giro muy grande y suficiente como para cerrar la válvula de llenado una vez alcanzado el nivel de agua previsto.
Finalmente, fue Thomas McAvity quien en 1905 patentó el flujo de vórtice autolimpiador de la taza del inodoro con lo que los clásicos inodoros adquirieron su forma final.
Aunque el rey de los inodoros, por la “furia” con que succiona los desechos, es el que pertence al Airbus A308, el avión de pasajeros más grande del mundo. En los indoros del avión, los desechos succionados de las tazas pueden viajar a 200 km/h por los 900 metros de tuberías hasta llegar a su destino: una cámara séptica que los licua y almacena hasta el arribo del avión.




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